En el silencio de la noche
cuando desaparece el sudor del día,
me quedo en tu luz
que sacude el rastro de tu cuerpo
y tiemblo en el escalofrío de tu silueta.
Los espejos, serenos,
entres estas cuatro paredes mudas
muerden el latido
que en el cuarto respira
a golpes de corazón.
Se desgrana la luz entre las cortinas
y el sonido del agua me arrastra
hacia ese abrazo mudo, sin etiquetas
siente la calidez de tu alma
al estirarse prendida
de la frontera de tus labios.
Me salpica la ternura de tus ojos,
los besos en posición de cielo vertical
me abren el pecho,
intensificando la subida
de temperatura en esta noche tan blanca
como la nota de un piano abierta
a las estrellas que nos rodean.
Los cuartos del reloj, descansando en la mesa,
abren ante mí estas horas tan íntimas,
mis piernas se enredan en las palabras
buscando la suave textura de tu piel
en este mundo de oscuridad y silencio
en el que imploro al prado
que llene la habitación de suspiros
buscando la salvación de estos cuerpos
llenos de sombra.
@José Valverde Yuste
De nuevo dejo mi sueño sobre una almohada malagueña. Como todo lo tuyo, genial y bello, mi beso José
ResponderEliminarGracias poeta por tu comentario. Un abrazo con la pluma del alma
ResponderEliminarGracias José. La pluma del alma me toca y vibro. Un abrazo
EliminarEs preciosos tu poema, que sabe cautivar al lector. Te felicito poeta. gracias por compartir.
ResponderEliminarGracias por tu comentario
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