La veo caminar hacia la espuma,
despojándose de su vestido,
sin nombre,
sin la prisa de los lunes,
ni el horario de oficina.
Va desnuda, libre, sin prejuicio,
un relámpago de carne entrando
en la casa de la sal;
dejando que la luz
se adentre en sus muslos,
y el látigo de sal y agua
le lama las caderas.
El agua entra en sus lunares,
en sus dudas,
hasta los confines de la espalda.
Yo me quedo observando su cuerpo
desde la arena,
veo en sus pechos la misma curva
que en la ola,
y como el mar la recibe sin preguntas.
Ya está totalmente sumergida,
ha perdido sus bordes, sus límites;
no hay distinción clara,
dos almas en una
bajo un cielo contemplativo.
La carne y el agua
latiendo por siempre
en esta inmensidad
que mis ojos contemplan.
@José Valverde Yuste