De la noche a la mañana;
acostumbrándome a notar como,
lentamente, las yemas de mis dedos
dibujan un paisaje sutil
en la inmensidad de tus pechos.
Recorro en ti las rutas de las tentaciones,
mis manos descifran tu piel con un lenguaje
de palabra breve.
con la ligereza que vuela un ave,
como un mar que busca mi contacto para existir.
El oleaje silencioso, en forma de espasmo,
sube hasta tu pecho, ya no eres solo cuerpo,
eres la luz del amor,
la madera que arde sin consumirse.
Me envuelvo en tu alfabeto de venas
buscando sueños,
en las llanuras donde bebo tu silencio.
Siento la corriente que te desarma,
el río subterráneo que sueña en mis brazos.
Te agitas como un árbol
sacudido por una ventolera,
mana el agua profunda donde flotamos,
en el milagro de este caos que nos une,
Ahora somos luz perpetua.
@José Valverde Yuste