No me quedan manantiales en la luz ,
huyen reptando entre párpados de miseria:
panales de clavos, maderas niqueladas
que pasean por extensas calles.
La noche, criatura muerta, es un desfile
de casas vacías, cose los ojos a la música
que me salva del miedo;
es un corazón de hospital vacío
que se hace parte de mí, cuando he partido.
Pero este polvo, con aire a renuncia,
en sus cuencas desiertas,
es un caos de pestañas deambulando por desiertos;
respira el vuelo de un iris enardecido y
casi siempre sueña con tibios leones
en su trono de muerte.
Se enrosca en las manos vacías de algún acorde,
un adagio que convive entre la sombra y la luz,
entre lo que es y ha sido; entre abismos de sombra
y cárceles de vida.
Se oculta en esencias donde no brilla el sol,
marcha por las bóvedas tamizadas
de las explosiones que se extienden entre cúmulos,
mirando el fósil aletargado
de lo que ya no siente las manos
vive más alto que las estrellas.
@José Valverde Yuste
