Fuego y marea,
sobre un trozo de mirada
se arrodilla la luz a la sangre,
y las venas, impacientes,
se regodean en la sombra
de lo que queda.
Fuera la helada tristeza se evapora
de este territorio que pone a salvo
sus secretos,
ante los pies que ciegos suben
hasta aplastar la desidia
sobre los labios aún respirando.
Encandilado,
arrebatando fragmentos
de aguas al jardín.
Ese jardín construido de mar,
donde la mariposa vuela
forjando la memoria,
en ese santuario lleno de delirio
tras la remontada de la ola.
En ese instante de miradas en tránsito,
describo el pálpito de lo imaginable,
de esas noches que los sueños se repliegan
amamantando las arrugas de mi rostro
en donde pernocta la calle.
@José Valverde Yuste