He rodado por playas sin fin,
por extensiones de lágrimas
donde el horizonte se pierde,
y quizá por eso, porque la búsqueda
fue tan destructiva, no pude hallarte
entre la mendicidad de la mañana.
No estabas en la orilla
que mis manos buscaron,
ni en el deseo de los bordes
de mis palabras.
Fuiste fresco de verano,
extraña fuerza incendiando las dalias
de estos labios trastornados,
ausentes las yemas que palpaban a oscuras.
Eras lo más consistente
de la respiración de mis heridas,
lo más duradero en el olvido de la sangre,
no porque entraras con la luz de mañana,
sino porque en ti se adhería la firmeza
de mi existencia.
Tu fuerza era mi refugio,
Tu voz, la huella de la espuma,
cuando el mar se retiraba,
marcando la distancia.
El relieve exacto de lo que penetraba en mí,
y ahora te alejas, sin bordes, sin palabras,
hiriendo mis ojos como luna solitaria,
sin rayos, por eso miro al cielo
y duermo con los recuerdos.
@ José Valverde Yuste