Me ciño a tu cintura modelando mi voz.
Como abeja de garganta desnuda
persigo tus carnes de nieve,
de algodón cosechado, sin púas.
Túnica despojada de sudores y escalofríos,
en tí tatúo momentos de recuerdos
no descifrados;
luces débiles ocultan mis deseos de Eros de barrio
en estos cielos
que lanzan plegarias a las inquietudes,
balanceos sobre tierra mística
se enervan sobre colinas frágiles.
Sutiles corrientes de fe, de puntillas,
abren sendas sobre esta bahía de mar con espuma
de salubridad palpable;
noches que abrazamos la narrativa erótica
en el sosiego de la luna pálida
hasta el fondo del incendio en el lecho.
Ahueco tu ladera de cielo,
despejo las dudas,
le abro las manos a lo extraordinario de tu vientre
y aprendo a vivir con la luz de tus ojos
sobre lo herido, sobre las estrías
que habitan en lo indefenso.
@José Valverde Yuste