Río que abrazas la llanura,
entre pliegues de historias y penas,
en tus aguas un puñado de plata brilla
en estas bocanadas de cielo, firme y lento,
donde la naturaleza embriaga a las venas de la tarde.
Balbuceo de bosque donde el sol asoma,
ramas que murmuran al viento su poema,
ruidos suaves como abanicos
que despliegan su aplauso callado
mientras las nubes pintan el lienzo.
Valle que arrastra las sombras del suelo,
alma encarcelada en un rostro
que recoge el peso por encima del sueño.
Montañas que sueñan con mundos
donde se ahoga el quebranto y
lágrimas que fluyen dando forma
a senderos de angustia y calma.
El sol se despide con su tinte de oro
abrazando la piel de la brisa
mientras moradas de luces sobre espumas furtivas
aparecen en el crisol que crece en la mano,
buscando un vasto anhelo
donde despedir a los sueños.
En ese éter encuentro la paz
en un antiguo momento que desciende
por donde nace el amor y la tarde, adormecida,
se rinde ante la aureola de la sombra.
Camino tan lento como un céfiro que sopla
entre los pensamientos de los juncos,
recordando almas entre la luz y la nada
recorriendo los caminos del viento.
El cielo se quiebra en un lienzo dorado,
las nubes se abren, en un rayo de luz,
la inquietud se disipa, lo gris se ha arrinconado,
la esperanza florece, comienza la lucha.
Un nuevo ciclo llega cabalgando.
Demacrado, repleto de ausencia , mientras la mariposa
vuela buscando
el nacimiento de una nueva primavera.
@José Valverde Yuste
