Tengo muerto el sueño de mi almohada,
la voz suspendida entre vuelos de mariposas,
el corazón amontonado y solo,
buscando derrotar auroras
en mi mente inquieta y aturdida.
En la oscuridad de mis párpados
revolotean sombras
de lo que fue y no existe,
como polen desvanecido en el viento,
dejando un vacío mientras el mundo
duerme a tu lado,
allí donde titilan las estrellas.
Busco la luz
en la noche virgen,
el círculo entre lo celestial y lo terrestre
para despertar del letargo,
al látigo del rayo que me alumbra,
y así romper las cadenas
de esta tristeza moribunda,
que con dolor a mi pecho estremece.
Así las voces de los recuerdos
van recuperando la felicidad
en el alma trémula que turba al corazón,
y por mis venas,
circula el fuego que un día me hizo sentir
el amor que no humilla y no deprava,
ese néctar de miel en los encuentros furtivos.
Auroras nuevas anhelo ver desbordadas
en este mar somnoliento,
en el horizonte de un nuevo despertar,
donde la luz encienda el hambre
en estas tierras secas.
Ya veo germinar de nuevo el musgo,
ante estos pies que caminan
buscando la germinación constante.
Para sanar heridas y volver a volar,
en esta ruta llena de rugido apasionado
libre de pesares, con las enseñadas
cubiertas de nieve antigua,
en este territorio que vuelve a ser de nuevo
un huracán.
@José Valverde Yuste