Ando por el envés de tu espalda,
por colinas erizadas,
aferrándome en conocer los desiertos
donde las sílfides acarician
el mapa de mis sueños.
El haz de hambre que enciende tus pupilas
es un atajo sereno,
una brisa de sueños me inmoviliza
en el ahora absoluto de la piel,
bajo el cielo de esta sombra
se condensa lo sublime,
abre sus brazos dibujando en la piel
los montículos donde tiembla el universo.
Mis dedos arden al recorrer tus signos,
los llena de deseos,
muerde el instante de desnudez que te cubre,
el sol brilla en tu piel, mientras yo suspiro
en cada trazo de tus venas.
Soy el velo tenue que acaricia tu humanidad,
esas huellas que marcan tus caminos
usando mis palabras, calladas,
cuando mi inquieta lengua se orienta
buscando la tenue luz del silencio.
¡Oh!, cómo desearía ver más allá,
de donde abraza el destino
el atardecer de tu mirada,
En ese mundo interno pierdo el rumbo
y mis poros se deshacen en los contornos
que nos separan.
Devoras mi calendario,
la lógica se desdibuja en tus bordes,
en esos laberintos tras la estela plateada,
naufrago.
En esta cárcel se cierran mis pupilas
en un místico juego con el espacio
que pinta de color su luz.
©José Valverde Yuste