A veces me siento viento,
un roce de transparencia sobre hierba
que naufraga.
Otras, soy un brote de encina
un pliegue de pensamiento
que gira en el relato de un atardecer
con sus instintos en ofrenda.
Otras soy el relato hondo de la tierra,
un campo donde sembrar
las palabras que flotan,
cuando lo inefable se vuelve tangible,
y la ausencia de canto es brisa ligera;
zumbido de abejas, garras de sonido imantadas,
sobre hierros de firme sueño.
A veces soy generosa presencia,
otras sol y mi pupila dialoga con la sombra
muriendo las angustias que convulsionan
cuando invado tu pecho y me hospedo
en sus montículos.
Mis suspiros son un lenguaje
que se muerde la lengua,
sobre una verticalidad de pared con ojo,
sueños que llenan de gracia
lo puramente inundable de miradas puras
en lo magnánimo del silencio.
Entonces me reconozco
en lo nuevo que quiere vivir en una piel
siempre abierta a hechos consumados;
que habla de lo repentino,
ese misterio repleto de nombres
en esas esquinas que toca el nudo
de la fibra ciega.
En este columpio de días sin huellas,
busco la columna de aire solidificado
que sostiene el derrumbe de mis días.
Mi alma es el corazón de un reloj
que estrangula al tiempo,
en estos momentos soy un espesor
de sombra, la victoria definitiva
sobre tu fósil que estalla
en el envés de un fuego
que todavía nos busca.
@José Valverde Yuste