El sol sale alto
camina sobre espumas de sueños,
sus rayos dorados
esculpen las esperanzas,
pero se queda justo ahí,
más allá de tu vista.
Ante el calor de incontables días
las estrellas esconden su esplendor,
susurrando secretos a la brisa
ante las garras de la luz
que empieza a desplegarse
en la huella de la voz.
A los pétalos, con sus sueños errantes,
les regala el aliento del río,
con matices de corazón
cuando la luna se duerme
con su rosa alta a la espera.
Cuando desnuda su nombre
en las veredas,
enciende el fuego antes de caer,
las estrellas alienadas
queman el temor de las flores
ante el alma iluminada
con sus caricias y recelos.
En las tinieblas de la sombra,
en su aposento,
se apaga el beso del crepúsculo
ante el brillo de la aurora,
se abre el jardín ante los cipreses.
El día ensangrentado
saluda al arrayán
que mima a los manantiales,
en lo etéreo,
en la fugacidad de lo común.