Siempre te veo desnuda
sobre el lecho
donde sueño deshojar tus pétalos.
Sueños intactos
en la sombra de un deseo,
y aunque anhelo la dulce raíz
que brota de tu suelo,
no escucho nunca tu voz apagándose,
cuán leve gemido, en mi oído.
Siempre te imagino tejiendo ilusiones
donde se quiebra la sangre,
en ese instante ido, fugaz,
como una voz temblorosa.
En albos pensamientos,
sobre la lengua de los valles,
entre susurros de tierra
relegados a la soledad del tiempo,
me llevas a la libertad imbuida
en grieta de verso.
Conviertes un ancho amor
en un placer estrecho,
mi voz se aferra a antiguas verdades
entre sombras de hojas caídas
y gemidos sin aurora,
en el roce sutil del anhelo.
Desvanecido el fruto del ayer,
la tierra abraza lo que fue,
una hoja nueva se estira y dilata.
La luz se filtra entre las heridas
y el roce del viento transforma el dolor
en canto de bosque,
ahuyentando los pasos ancianos
de este prado tan lleno de suelo, olvidado.
@José Valverde Yuste