Mujer de nácar, concha sagrada
si mi ofrenda esperas,
¿Dónde ocultas tu altar? .
llévame de tu mano,
caminando con altivez,
sobre tu pasarela de fuego,
marcando el paso sobre esas fragancias
que no me dejan respirar,
Mujer de todas las épocas, de mis tinieblas,
sueños obscenos de flores desaparecidas,
dulce polen , sobre mí
se yerguen tus manos con ese perfume
de pétalos abiertos,
Sobre tu cuerpo tiemblan los luceros
mientras la noche se dobla
ante el sacrilegio de tu vientre.
Las estrellas se santiguan,
temiendo que el cielo apague
esa fiesta de luces tenues
impregnadas de delicadeza.
Tus palabras golpean sobre mi pecho
de pasto entregado
a tus amarillentos limoneros,
de pico terso, de sabor a fresa,
donde mis manos se deslizan apurando
tu aliento de musa,
tu textura de algodón desnudándola a chorros.
Soy la primavera
que vuelve en tus noches vacías,
la avispa que vuela a tu nido
cuando estás desahuciada y fría.
Ola que se convierta en tallo
envolvente para abrazarte,
como la hiedra se agarra
a la pared para ascender,
así quiero asirme a ti,
trigo con surcos, alimento vital.
Acuéstate conmigo
sobre mi parábola de vida,
sobre la pradera de mi espalda,
suave y musculada.
Seré tu abrigo,
el mimo que te de cobijo bajo mi manto,
de exequias y reliquias
que nunca has conocido.
Sé la dueña absoluta
de esta sangre
que siempre te espera.
@José Valverde Yuste




