Tengo el corazón destrozado,
la mente confundida,
como quien mira una ala rota
y no comprende el vacío que queda.
Como rayo de sombra te marchaste
a esa velocidad de lo que es demasiado puro
para quedarse.
sin poder comprender ese halo de viento,
que nos dobla el alma,
instante fugaz donde todo tiene un final.
Me diste el dolor de las lágrimas,
dibujando en mi rostro la mirada de lo perdido,
la pesadez de los días sin horas,
ese invierno largo necesario
para que el silencio eche raíz.
Las noches eran de hierro, frías,
interminables;
nos quedamos como estatuas
que olvidaron el fuego.
Losas pesadas, capullos sin rosas,
que nunca llegaron a florecer;
eran noches, donde la escarcha de la herida
se evaporaba sin la lucidez para reflejar el alba
@José Valverde Yuste





