Me hipnotiza la extraña luz que atraviesa la noche,
aromas interiorizados en susurros de aire
que despiertan los sueños;
destellos de vida en tinta vacía
cuando me inclino hacia la sombra
donde pernoctan los suspiros en brumas de plata.
Espacio breve donde se comprime el tiempo,
cortina de barro donde mueren las fisuras
misteriosas y tiernas de las cenizas
puestas a secar.
Quizás golpe de pájaro sin alas
en escucha de gozos apagados,
asistidos por ladridos
como nota musical lejana
donde renuevo lo que aspiro y persigo:
ronquido de ola ante estrella de ojos cerrados.
Rincón donde el aire reposa
en relojes antiguos de delgadas manecillas;
donde las semillas flotan como espuma ardiente
en un mar de voz encendida
cuando se apaga la aurora.
Secreto de mundos moldeables
donde se desvanecen los espejos,
minutos de profunda penumbra
sobre un maremoto que gira
en rincón oscuro donde la densidad de la noche
crepita en muslos densos,
y el hielo deshoja el exceso, sin resignación,
donde muere la opacidad del desierto
y yo sacrifico el amor,
ese que golpea y se clava
como inmóvil cicatriz latente
que seduce a la madrugada.
@José Valverde Yuste