Vivo impregnado de estos fuegos
entre columpios de cumpleaños añejos
que se quiebran en el aire.
Borbotones de benevolencia enjaulados,
entre hilos de cristal sumergidos en las grietas
que llenan las fiestas de regalos,
y traen tormentas sin relámpagos.
Veo nubes con sus pétalos besando la espera,
el silencio de los campos
cuando el sol alcanza su cénit;
atormentadas brisas
que desnudan la blancura de este muro
en el abrazo perenne de la primavera.
La pupila bajo esta piel que no admite secretos
naufragando en el desierto de las cordilleras.
Siento el nudo amargo de la despedida,
la piel con el verano tatuado en las venas
el amor que nunca se apaga
en los destellos de un mar de gotas sin nombre.
Acaricio tus nervios silenciados por acantilados,
el cauce abierto que recibe el diluvio,
la raíz de ese mundo que duerme a tu lado
esperando que germine la espuma carnívora.
Transito por estos caminos
entre el canto de las hojas que sucumben a la sequía
de la noche,
agarrado con gesto entristecido a las orquídeas
que no se rinden al instante de los ojos cerrados,
al frágil disfraz que desnuda la huella del polvo,
en este mar de fragmentos de cielo.
Soy un beso caduco, el perfil de una lluvia sin bautizo,
la sombra del fuego encerrada en envoltorios,
la caricia aferrada a un reloj desgastado,
me queda el latido del viento, en estos días de delirios,
todo cae y se reproduce sobre tu pecho.
@José Valverde Yuste
AI. Adis Irulegui. Cómo duele el camino empedrado cuando el canto del ruiseñor desviste el árbol seco añorado por la lluvia de una voz José. Feliz lunes y un abrazo de fuegos...
ResponderEliminarmuchas gracias por leer y comentar. Un abrazo con la pluma del alma
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ResponderEliminarello pero muy triste poema,me encanta cómo describes el dolor y la nostalgia en tus versos, poeta!
muchas gracias por leer y comentar. Un abrazo con la pluma del alma
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