Amo tu silencio,
en la voz gélida de la noche
puedo arrojar la voz herida de un rayo
sobre tu pecho, puedo decirle a la noche
que tienes un párpado lleno de astros.
Esos satélites de caparazón envolvente
de cubierta, a veces, con surcos
pueblan las nubes de vientos fríos y desnudos,
convulsionan dentro de mí,
vibran en la soledad de mi latido
cuando me fundo con tu sombra.
Cuerpo de polvo helado que me abraza,
cimas donde el pensamiento se deshace
en pulso, tierra virgen que aprende a doblarse
sobre los conductos que tapan las venas
con la antigua virtud del vicio.
Tus muslos son dos ríos,
en el centro de un manantial
donde emerge la luz,
una vasta extensión despierta a la claridad,
una pequeña luciérnaga donde el universo se abre
a las constelaciones, tejidas de tierna costura.
@José Valverde Yuste