Me miras entre sombras que tiemblan,
se desvanecen entre palabras, tímidas,
que nunca han pecado,
son almas en la búsqueda
del temblor de las hojas.
La luz se oculta tras cortinas de silencio,
mis ojos despiertan tras los suspiros
que flotan como olas invisibles,
saltando hacia fuera,
navegando por esta gloria que alimenta
a la embriaguez del cielo.
Contemplo el asombro de los gemidos,
este lenguaje sin forma,
que se funde con la mirada del río,
como la resurrección de un domingo.
La realidad se disuelve,
las formas se confunden,
un faro inclinado, en la penumbra,
me guía a la orilla del abismo.
Ese espacio oscuro
donde el corazón desafía
la luz interior, rompiendo las cadenas,
en este crucero, las huellas
son versos sin miedo, buscando
la verdad en su movimiento.
Te quiero ante estas gotas solitarias
buscando la luz del manantial,
en este camino lleno de azul desnudo,
donde el silencio se une al muslo.
Me consuela esa caricia fresca
que sabe a abril,
que me hace sentir calma y tempestad,
y me consume con los gruñidos de su roce
cuando se sienta
en la llanura de mi pecho.
Alcanzo la frontera de lo inalcanzable,
en el frescor de este naufragio,
ya cae la melancolía de la tarde,
me ato al péndulo de la metáfora
y se purifica la congoja de las horas.
@José Valverde Yuste