En este vértigo crudo se rompe la sangre
de las caricias, un placer eléctrico
purga los pecados de las sábanas.
Más allá del contacto, la respiración golpea
el mapa que dibuja nuestros cuerpos
donde el borde de la llama se deshace con el roce.
Te miro en el filo del pulso
atado a este oleaje de hilos ciegos,
amarrado a la emboscada
de una sombra que devoro.
Solo veo una luz blanca
apagando los párpados
de estas columnas de deseo
que mis labios devoran como un incendio
que escupe relámpagos.
¡Oh carne mía!, horas de ilusión
arden como un faro abrazado a la noche,
un rastro de rayo circulando por mi garganta,
un conteo de oxígeno que se acaba;
no hay alma, solo el peso de la sangre
ocupando el espacio.
Tus dedos cuentan mis vértebras,
una por una, como quien descifra un relieve,
la deflagración de una hoguera;
el mundo se reduce a esta presión física,
un nudo de nervios, excitados, dictando la verdad
a esta isla llena de mañanas.
Tu fuego es ahora un clavo al rojo en el viento,
ese abismo que la luz deja al pasar,
el pulso de un ascua en mi lengua.
@José Valverde Yuste