Una concha sin límites
brillando a la luz de la luna,
el suspiro del silencio
en una herida oculta,
voy deambulando por valles
que hablan de batallas libradas,
en un trémulo espacio
lleno de palomas en su palpitar puro.
Paredes envueltas en perfumes
mirando la luz que tanto amo,
sumergidas en un lenguaje de jardín
con olor a lo íntimo.
Se despliega el aire pintando la mañana
de un corazón que emprende el vuelo,
en la costura del valle el tiempo llora,
mientras el alma luce en su plenitud.
Abre el velo que cubre la luz,
esa momentánea
que divide a dos mundos descalzos
en su perfume invisible.
No hablo del rezo que calla,
ni del brillo que vuelve a nacer,
palpo grietas en el desfiladero
y oleajes antiguos en la piel.
Desorden empiezo a sentir
en este croquis de consuelos inmisericordes;
se cruzan cielos y mares lejanos,
en medio del polvo de las estrellas
la historia florece sobre un sol naciente,
que llena el vacío de este paisaje ondulado.
@José Valverde Yuste