Navego en cielos caídos, sobre alas quebradas cuando se hunde la tarde llena de promesas de antaño.
Las sombras sienten el vacío de las palabras no dichas, evaporadas en horizontes con mayoría de edad consumada.
Yo he visto caerse el nudo de la garganta, al silencio despedirse de la vida en la frondosidad de esos árboles con sus latidos ausentes, dejando huellas de pena en lo ya bebido.
Este destino, piloto cruel, con manos temblorosas cruza el umbral sin mirar atrás, dejando solo cenizas en este tiempo de lengua muerta.
Soy la desnudez de la tierra herida, un volcán rugiendo sobre aguas furiosas donde el fracaso es el sedimento que golpea primero a la arena.
Cascadas de luto caen sobre torrentes de letras encerradas con cerrojos, recogiendo sueños de barro en densos huracanes, sobre pasos de madrugadas solitarias nacidas de la desnudez del llanto.