Cuando llega el día, y en tus ojos
veo el amanecer de la oscuridad,
despiertan mis anhelos hilvanando besos
sobre lo vulnerable de tus labios,
sobre los palacios colgantes que te adornan,
soy un pez entre olas revueltas.
Pinto sobre la luz de tu piel el fuego
que no llega a ser viento;
es luna perenne, desparramada sobre montañas,
ojos sostenidos por los crecientes arcos de luz
que de ti emanan.
Oigo campanadas envueltas
en hiedra de salmos húmedos,
siento el fuego y me abandono a la embriaguez
donde duermen los espejos de tu ternura.
Sé que me espera la taza humeante
ante la elegante música de laúd
que componen los susurros de tu voz,
la desembocadura del alma
buscando el pétalo de la flor.
Vivo en las briznas de tu primavera,
donde reposan los gritos de los ojos,
allí el lirio agoniza cuando vienes a visitarlo,
tú, paloma.
@José Valverde Yuste
