Emerge tu recuerdo en la noche
en la que estoy fundido con la espuma de la ola,
dormido con la inmediatez del lamento
que une lo lejano con lo persistente.
Es un río que resplandece en mis ojos,
la desembocadura que se anuda al mar
con su plañido de muerte obstinado,
se descuelga por la catarata de la soledad
de estos pétalos sin sangre, fríos.
La estrella que abraza el germen de la nostalgia
me ve abandonado,
en ese mar que mece las huellas de tu amor,
ese proceder de aurora arrugada
me lleva a la luz de tu sueño.
Esta sombra oculta en la voraz calma de esta tormenta,
me sumerge en la oscuridad de estos días
que veo partir nuestras noches de celo
sobre los escombros de este momento sin luz.
Abandonado, detrás de mí sombra,
te busco, convertido en cimiento de enredadera,
en palabras ocultas vacías de latidos,
en esta tierra infecunda donde mueren los amores,
lejos del vuelo de la herida,
sobre faros que ya no orientan ni guían.