El aliento que nace en mis pulmones
guarda la orfandad de mi corazón,
el espacio donde despierta el viento,
la risa estirada de la primavera
mirando la ilusión de un pez.
Comprendiendo la memoria
que golpea el significado sensual
de este amor sin barrera,
esta garganta a punto de partir.
Amor, te toco con mis dedos ciegos,
con el silencio de la luz amarillenta de mi mesita,
me golpeas con tus olas
y limpias la anochecida oscuridad,
eres la asidua invitada a mí guarida,
por ti la locura tiene luz en su mirada
Te siento en este gorrión que vibra en mis manos,
en este trocito de noche
cuando juegas con las estrellas
y meces mi cabello como si el mundo fuese nuestro,
como si se fuese acabar la luz
en el corazón de tus labios
en las curvas que habitan la oscuridad de mi lecho.
Las dudas son el ángel
que pule las cortezas de tu cuerpo,
el arriate donde mis dedos crecen
como horas llenas de brotes,
segundos en las noches que crece la hierba
y se desnudan los zapatos
Oh, amor tu mirada es la bondad hecha palabra,
la luz llenando la vida de vastos sueños,
el equilibrio que encierra mi pasión en una tormenta
de sombras luminosas sobre las plumas de tu pecho.
Tu nombre, ¡ah! tu nombre
son letras de una lengua no legible,
el acorde de un suspiro perdido en la voz,
la honorable bondad del camino
donde queda marcada mi huella,
el tacto suave y callado de las tinieblas,
la carta que nunca escribo
estando borracho de tu cuerpo.