Llegan los arcos cóncavos
de lo postergado en el tiempo,
las devociones absurdas de las palabras
con sus rimas y tradiciones tatuadas
sobre un pergamino lleno de amor temprano.
Fiera salvaje que riega las criptas
cuando asciende venturosa la belleza
en las profundas horas, transparentes,
con sus ojos llenos de recuerdos.
Frutos encendidos en la tibieza
de un hogar ataviado con venturosa piel,
masticando las venas desaparecidas
en el centro de la metódica luz
que abre la visión a lo errante de la pasión.
Signos de bacanales y pájaros estirándose
hacia donde no llega el borde de la visión,
donde el sentir de los labios esclaviza al tronco
para reverdecer la raíz.
Pluma de cúpulas erizadas que se desliza
sobre un cuerpo de mejilla extasiada,
senda con estupidez inexistente
en sus adornos de liturgia
que nos transporta el mudo amor
hacia corrientes comprimidas
en un tubo de espuma.
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