Está llorando el mar ,desnudo ,
viendo con la boca entreabierta
de la razón,
la angustia de este año
cargado de sufrimiento.
Tiene ojos de sangre
con úlceras en su calendario,
sueños inmóviles abrazados
a los dientes de templos torturados
por el vértigo de la piedad.
Fusiles rotos
en caras de niños sin aliento,
soles asfixiados tambaleándose
en esta catedral sin ojos
que vierte sus lágrimas
sobre hortensias disecadas.
Más allá del espíritu
por las partículas de la luz
abrazadas a la muerte.
Este año que la luz bordada
vino a visitarme con las espinas plegadas,
en mi hombro acequias de dolor
impregnadas en lápidas de odio
comulgan con labios llenos de ira.
Tiene frutos ocultos
en los cuerpos que ya no sienten,
semillas enterradas en libros sin tinta,
bosques sin arco iris,
ausencia de clorofila en el llanto del árbol.
Esta muerte, de lo inservible
de estos meses,
amanece con una oración de serpiente
enjaulada en los pantanos de las posibilidades ,
en las leyes del frío
que ocultan el canto del ruiseñor
en la cumbre de las hortensias puras,
sobre la paciencia inocua del viento.
Este año quiso cantar a la mañana
y se marcha muerto.
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