Cuando crece la lengua
en el lamento oscuro de la luz
un dardo gélido desordena el manantial
donde se inclina la pureza.
Me buscas en la brasa opuesta,
en el oscuro velo de lo nítido,
en el torbellino que trae la calor
entre sutiles tragos a distancia corta.
Brillo de ígneo acero, resbalando sobre
pétalos carmesí,
libera el alma de lo no previsto.
ese tajo diáfano que baja de las nubes
y te iza al paraíso azul.
Filo de cristal en rayo puro
donde el crisol palpita
con las alas abiertas
sobre la senda vacía
que todo ofrece a la mente despejada.
No hay huella trazada ni meta
es un acto simple donde pernocta el otoño
y la luz se filtra,
una postura que doblega la forma
un tacto en noche densa de la rama
despojada de hojas.
¡Ay amor! señal de mirar fuerte
en la ensordecida lluvia,
mente despejada en la flor
que trepa sobre la ansia de lo amado,
sobre la copa de luna menguante en una invitación
a la contemplación de la sombra
que me deja en ti sumido,
al otro lado del cénit del dardo.
@José Valverde Yuste