Amo la ausencia de tus ojos cuando sobreviven al amanecer despierto de la hoguera que resbala sobre la cordillera sobre el cielo y el rocío del primer aliento de la primavera.Me ahogo en los astros que resbalan por tus nervaduras cuando mis palabras no llegan al río son simple balbuceo en las manos de los días.
Tierra inundada sin misa previa corazón grosero
buscando el puerto común donde las flores y el aguacero son gobernados por estallidos que iluminan el monte de las ánimas y beben el ansia de las fuentes antes de ser agotadas.
Ya respira el bosque entre la niebla densa y la sangre oficia oraciones ante los astros que huyen en desbandada disfrazados de días de rezo prolongado.
Llegan los arcos cóncavos de lo postergado en el tiempo, las devociones absurdas de las palabras con sus rimas y tradiciones tatuadas sobre un pergamino lleno de amor temprano.
Fiera salvaje que riega las criptas cuando asciende venturosa la belleza en las profundas horas, transparentes, con sus ojos llenos de recuerdos.
Frutos encendidos en la tibieza de un hogar ataviado con venturosa piel, masticando las venas desaparecidas en el centro de la metódica luz que abre la visión a lo errante de la pasión.
Signos de bacanales y pájaros estirándose hacia donde no llega el borde de la visión, donde el sentir de los labios esclaviza al tronco para reverdecer la raíz.
Pluma de cúpulas erizadas que se desliza sobre un cuerpo de mejilla extasiada, senda con estupidez inexistente en sus adornos de liturgia que nos transporta el mudo amor hacia corrientes comprimidas en un tubo de espuma.